Villalobos, y su participación personal en el otorgamiento de curiosas pruebas

Francisco Javier Larraín Sánchez, Director General de Espectador

En su segunda temporada como director nacional de Inteligencia, Drogas e Investigación Criminal de Carabineros, el hoy cuestionado Bruno Arnoldo Villalobos Krumm estuvo a cargo de la unidad de inteligencia que se creó tras los atentados con bomba en el Metro los Domínicos y en SubCentro de Escuela Militar, ocurridos el 13 de julio y el 8 de septiembre de 2014, respectivamente.

Hasta ahí, todo dentro de lo que es esperable para quienes hemos revisado la carrera de Villalobos desde 2011, cuando se hizo famoso por los roces con Rodrigo Hinzpeter, entonces ministro del interior, y las declaraciones deliberativas que se permitió hacer en el hemiciclo por el caso de las escuchas ilegales (que quedó en nada, por supuesto). Mal que mal, en su primer mandato como jefe de DIPOLCAR, y ser conminado por Hinzpeter, se hizo fotografiar por un vespertino frente a la moneda con sendos maletines, siendo un mensaje inequívoco para quienes siguen noticias del mundo de la inteligencia. Incluso estuvo a cargo de la indagatoria al ciudadano pakistaní Saif Khan, quien USA acusó en un principio de llevar trazas de explosivos, y luego se desdijo desde la Casa Blanca; sin embargo, ello no significó que en Chile el caso se desechara (con la connivencia pública de la Fiscalía Nacional, entonces) y nos entregase algunos indicios de la manera en la que Bruno Villalobos, personalmente, presenta “pruebas”. Esa historia la ha desarrollado ampliamente Matías Rojas, incluso en formato documental.

Pues bien, volviendo al caso de las explosiones en el Metro, Bruno Villalobos, con gran réplica en medios, logró presentar a sus sospechosos: tres muchachos que cometían la subversiva actividad de vender irregularmente hamburguesas de soya, donde el único finalmente condenado aparecía colaborando habitualmente con personal de aseo, siendo con el atentado el espacio dañado el lugar del trabajo ilegal de Juan Flores (dañar la fuente de ingresos de alguien con sentencia por hurto previo es demasiado extraño). Según Bruno Villalobos, había detectado ADN epitelial en restos de una mochila a centímetros de la explosión, con eso llegó a determinar sin contramuestras a quienes había que llegar; evidencias soportadas en tarjeta Bip! (porque claro, cargar la Bip! y botar el papel en un basurero que después explota es sospechoso) validada previa a otro atentado (como si eso constituyese elemento de juicio) y testimonios.

Una curiosidad el primer oficial en llegar fue  Baris Ratkevicius  conocido en organizaciones de estudiantes.

Lo más curioso, para quien firma esta nota, es el que Juan Alexis Flores Riquelme para ser cotejado en ADN (que Villalobos declara haber detectado) debía tener una muestra, oficialmente fue sentenciado en una causa previa. Pero no concurrió a entregar su ADN, el que Bruno Villalobos detectara su ADN sin tener archivo genético resulta curioso. Junto a ello, el Ministerio Público indicaba que Flores, tatuado con una “estrella del caos” lo vinculaba al “Anarquismo Internacional”, aunque también, una condena por robo lo hacía perfectamente sospechoso. Tatuaje de Estrella, condena previa, viaje previo, ADN fantasma (¿Con qué fue cotejado?). Incluso en otros medios, sumándose a la distorsión mediática para dirigir la percepción pública, ha sido consignado como antecedente periodístico de investigación que Flores participaba en marchas. Una semana después de la dentención de Flores moría Sergio Landskron Silva, al acercarse al bolso que contenía una bomba.

Supongamos, que pese a los cuestionamientos de montajes con “contraevidencia” cirscunstancial, en relación al caso de Juan Alexis Flores Riquelme efectivamente fuese culpable. Sin embargo, aún hay un elemento: en tejido epitelial, sin custodia, el ADN es muy difícil de encontrar y de mantener por mucho tiempo, porque se degrada. No obstante lo anterior, ése ADN fue conservado en una situación donde se complica aún más debido a los químicos que libera una explosión sobre cadenas de proteínas, el ADN en este caso que nos cuentan se mantuvo en una mochila, en contacto con la detonación de pólvora negra. Bruno Villalobos condujo las funciones de LABOCAR durante 12 horas en el domicilio de Flores, con su padre y vecinos acusando nulas garantías en el registro por la incapacidad de hacer un registro audiovisual (a diferencia del video que muestra a personal uniformado ingresando una mochila al domicilio de la machi Francisca Linconao, la que es presentada como evidencia). Oficialmente se dijo que se buscaba mantener las garantías óptimas para no destruir evidencia.

Supongamos que el allanamiento fue ejecutado impecablemente, a pesar de ello, me queda una duda ¿Por qué no hay una sóla publicación en revista científica que nos muestre cómo fue esa fortuna de encontrar material genético en un borde de explosión de pólvora negra y se llega a la casa de Flores sin tener la muestra del acusado en registro? Por este caso llevo meses buscando antecedentes similares en publicaciones científicas en inglés y castellano, y aún no encuentro el desarrollo científico, en lo que sería una gran contribución a las ciencias a nivel planetario. Cuesta creer que una investigación digna de Premio Nóbel, al alcanzar cotas nunca antes alcanzadas, no se comparta con la humanidad para la mejor formación de especialistas de la genética. Imagínense la gloria de tener un Nóbel para Carabineros.